El mago sin magia. Cómo cambiar la situación paradójica del psicólogo en la escuela. Selvini, M. (1986)
El texto comienza desde la disyuntiva que se presenta al tratar de delimitar con claridad la labor del psicólogo en la escuela y la dificultad que representa el dar distintas soluciones a un mismo problema. A esto se suma la burocracia misma del sistema educativo y la tensión que se produce entre el objetivo esperado de la educación (entregar habilidades y competencias) y el objetivo real que solo se enfoca en acreditar un título. La única definición que ambiguamente permanece es la del psicólogo como “promotor de cambio”.
Una primera problemática que enfrentan los psicólogos educativos es que quien solicite su servicio, principalmente cualquier actor adulto inserto en el ámbito educativo, lo hace pensando en que pueda intervenir sobre alguien más que no sea el mismo, es decir, se desliga de la parte relacional que pueda tener el problema. Se le atribuye por tanto al psicólogo el limitado campo de intervención de la patología de los demás, sumado a una pronta capacidad de acción y resolución del problema, perspectiva que sostiene quien no está involucrado y simplemente ha señalado el problema. Otra expectativa que se espera del profesional es que este posea las recetas metodológicas educativas más importantes, quedando el docente que lo exige dependiendo de este. Ejemplos todos estos que definen por anticipado el rol del psicólogo educativo en las posibles relaciones con sus clientes, en la que queda reducida esta labor en una impotencia. Por lo tanto, hay que buscar aquellos medios que permitan una autodefinición de la labor del psicólogo educativo para que pueda incidir realmente en la escuela.
Luego se analizan las prácticas históricas que han tenido los psicólogos en la escuela. La primera de ellas que se describe es la del tipo de intervención mediante la técnica del diagnóstico precoz, en el que se toman una serie de pruebas psicométricas a los niños, siendo los resultados analizados por el psicólogo dando al final un diagnóstico; muchas veces sin una observación directa del psicólogo al niño. Esta práctica promueve e intensifica el señalar la patología en un niño, sin que se consideren relaciones funcionales o disfuncionales. Frente a esto el psicólogo puede adoptar ya sea una actitud de consentimiento de su rol de diagnosticador, o ya sea adoptando una actitud de rechazo, que involucra una actitud de desafío a la institución, atribuyéndole parte de la culpa también a esta. Luego, el interés por implementar la actitud psicoanalítica en la escuela, desprovista de test psicométricos, contribuyó a resaltar las relaciones primarias que tiene el niño; pero resulta a su vez complicado establecer y trasladar una relación psicoanalítica terapeuta-paciente en el contexto de la escuela; también suele no pocas veces atribuir culpas a los padres de lo patológico; y lo más preocupante es que el psicoanálisis no toma en cuenta demasiado en consideración al contexto relacional actual de la situación escolar. Una última actitud revolucionaria que se rehusaba a considerar casos de inadaptación tuvo como consecuencia una pérdida de identidad de la profesión del psicólogo.
Referencia
Selvini, M. (1986). El Psicólogo en la escuela: Análisis histórico de los diferentes tipos de intervención. En M. Selvini (Ed.) El mago sin magia. Cómo cambiar la situación paradójica del psicólogo en la escuela. Barcelona: Paidós.
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