¿Se puede medir la inteligencia? El coeficiente intelectual y el desarrollo del pensamiento, Cornejo R. (2003)
El autor comienza ejemplificando una de las utilidades del CI en el ámbito nacional, en donde plantea que el Ministerio de Educación exige este rango intelectual como requisito para incorporar a los estudiantes en proyectos de integración. Así, comienza a explicar esta concepción de la inteligencia, conocida como paradigma psicométrico la cual partió del interés de varios países europeos en el siglo XX, con el objetivo de medir la inteligencia y construir rangos de clasificación de las capacidades intelectuales de las personas. En consecuencia, se construyeron pruebas, test de evaluación y modelos estadísticos para analizar los resultados de estos y a su vez construir rangos de inteligencia. Bajo esta base, Cornejo explica las pruebas escogidas finalmente para medir la inteligencia eran aquellas en las que puntuaron alto los niños y niñas que tenían un buen rendimiento escolar y a su vez, en las que puntuaron bajo aquellos que tenían un bajo rendimiento escolar.
Además, explica que las pruebas de inteligencia de esta época se construyeron con un criterio estadístico que únicamente pretendía explicar las correlaciones existentes entre diferentes tipos de rendimiento cognitivo, es decir, que no estaban hechas para evaluar las habilidades inteligentes, pues se tenía la creencia de que no se puede saber realmente qué es la inteligencia. Esto debido a que en la época se consideraba que la ciencia debía estudiar solamente los hechos observables, de manera que el procesamiento mental de las personas era considerado como una caja negra imposible de ser estudiada.
Al evitar conceptualizar o describir las habilidades inteligentes y/o funciones cognitivas, se pudieron marcar ciertas limitaciones en la psicometría. Como por ejemplo, que sólo se puede conocer sólo el resultado en las pruebas, sin embargo no se sabe acerca de cómo el o la estudiante resolvió la tarea. A su vez, en estas evaluaciones no hay interacción entre evaluador y el niño o niña, por lo que no se puede evaluar el tipo de ayuda que requieren los participantes para mejorar sus procesos de pensamiento y por ende, los profesionales dedicados a la psicometría difícilmente pueden aportar sobre cómo superar dificultades en el procesamiento de la información de los niños y niñas.
Por otro lado, también nos habla sobre el concepto coeficiente intelectual, el cual es una cifra resultante del rendimiento de las personas en uno o varios test que sirve como muestra de la inteligencia. Explica además que se tenía la creencia de que el CI permanece igual a lo largo de toda la vida, y por lo tanto podía pronosticar el futuro de una persona. Sin embargo, argumenta que se ha demostrado que el CI no permanece constante a lo largo de la vida a través de estudios longitudinales, en donde se les aplican pruebas de CI en diferentes edades de la vida, por lo que el CI ha caído en descrédito para la mayoría de los investigadores de educación.
En conclusión, expresa que la tarea de la evaluación cognitiva no es fácil ni simple, que para mejorar el rendimiento cognitivo es necesario “meterse” en la caja negra que es la mente humana. Además, añade que el funcionamiento cognitivo de las personas no debería estar ligado a clasificaciones de rangos ni evaluaciones de desempeños individuales de los niños, sino que debiese tener un alto componente cualitativo y ser de proceso interaccional como una evaluación dinámica.
Referencia
Cornejo R. (2003). ¿Se puede medir la inteligencia? El coeficiente intelectual y el desarrollo del pensamiento. Boletin Mediar, 15, 1-4. Centro de desarrollo cognitivo. Universidad Diego Portales.
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